No pudo tolerar ver esto por más tiempo. Se le acercó y la empujó contra él. La sostuvo mientras ella recibía el abrazo. Durante todo el día había pensado en tenerla así, y lo había deseado. No quería que fuera en estas circunstancias, con ella impulsada a sus brazos a causa del miedo. Él quería ser algo más que un refugio seguro, más que un hombre confiable a quien dirigirse.
Pero eso era exactamente lo que ella necesitaba ahora.
De modo que se cerró sobre su cuerpo, escudándola contra los terrores de la noche.
– ¿Por qué está sucediendo de nuevo? -susurró.
– No lo sé, Catherine.
– Es Capra.
– No, está muerto. -Él tomó su cara mojada, obligándola a mirarlo-. Andrew Capra está muerto.
Ella permaneció muy quieta en sus brazos, mirándolo a los ojos.
– ¿Entonces por qué el Cirujano me eligió a mí?
– Si alguien conoce esa respuesta, eres tú.
– No lo sé.
– No tal vez en un plano consciente. Pero tú misma dijiste que no recuerdas todo lo que sucedió en Savannah. No recuerdas haber disparado el segundo tiro. No recuerdas quién te cortó el pelo ni cuándo. ¿Qué más es lo que no recuerdas?
Ella sacudió la cabeza. Luego pestañeó, sorprendida, ante el sonido del localizador.
«¿Por qué no me dejan en paz?». Él cruzó hacia el teléfono sobre la pared de la cocina para contestar el llamado.
La voz de Rizzoli lo recibió con un tono que sonaba acusador.
– Estás en su casa.
– Buena deducción.
– No, identificador de llamadas. Es medianoche. ¿Acaso pensaste en lo que estás haciendo?
– ¿Para qué me buscabas? -dijo él irritado.
– ¿Ella está escuchando?
Él vio a Catherine salir de la cocina. Sin ella, el cuarto parecía de repente vacío. Desprovisto de todo interés.
– No -contestó.
– Estuve pensando en el pelo cortado. Sabes, hay una explicación más acerca de cómo lo recibió.
– ¿Y cuál sería?
– Ella se lo envió a sí misma.
– No puedo creer lo que estoy escuchando.
– Y yo no puedo creer que nunca se te haya cruzado por la cabeza.
– ¿Por qué motivo debería haberlo hecho?
– Por el mismo motivo que hace que algunos hombres vengan de la calle y confiesen asesinatos que nunca cometieron. ¡Mira toda la atención que consiguió con esto! Tu atención. Es medianoche, y tú estás allí, dando vueltas a su alrededor. No digo que el Cirujano no haya estado acosándola. Pero este asunto del pelo me obligó a retroceder y decir, ¡ajá! Es hora de mirar qué más está sucediendo. ¿Cómo consiguió el Cirujano ese pelo? ¿Se lo dio Capra hace dos años? ¿Cómo pudo hacer eso si yacía muerto sobre el piso de su dormitorio? Ya conoces las inconsistencias entre su declaración y el informe de la autopsia de Capra. Ambos sabemos que no dijo toda la verdad.
– Esa declaración le fue arrancada a fuerza de persuasión por el detective Singer.
– ¿Crees que él la indujo a contar esa historia?
– Piensa la presión bajo la cual estaba Singer. Cuatro asesinatos. Todos clamando por un arresto. Y encontró una hermosa y prolija solución: el asesino está muerto, disparado por su pretendida víctima. Catherine cerró el caso por él, aun si puso en boca de ella sus propias palabras. -Moore hizo una pausa-. Necesitamos saber qué sucedió realmente esa noche en Savannah.
– Ella es la única que estuvo allí. Y alega no recordar nada.
Moore levantó la vista cuando Catherine volvió a aparecer en la habitación.
– No todavía.